domingo, 29 de mayo de 2011

La ENEIDA



Aunque en su juventud Virgilio participó de la corriente literaria de los poetas, cuya producción consistía principalmente en breves poemas sobre argumentos de amor o temas ligeros, para escribir la Eneida se inspiró, en la antigua poesía épica romana de Naevius y de Ennius, y más aún en los poemas homéricos. Se puede, en efecto, dividir la Eneida en dos partes: los seis primeros libros, que relatan el viaje de Eneas, recuerdan la Odisea, mientras que pensamos en la Iliada leyendo los otros seis libros, que relatan los grandes hechos cumplidos por Eneas en Italia hasta su victoria final sobre los latinos.
El poema fue escrito bajo el reinado de Augusto, para celebrar la pacificación del Imperio, pero en realidad es algo más que una alabanza al emperador. Aparece como la apología del espíritu de Roma a través de las aventuras del héroe legendario Eneas, cuyos descendientes habrían fundado la ciudad. Virgilio mezcló en su poema la leyenda con la realidad, según costumbre de los poetas épicos.

Este poema, editado por primera vez por los amigos de Virgilio, Varius Tuca, ha suscitado la admiración de los poetas de todos los tiempos, y siempre se lo ha considerado como una de las más bellas exaltaciones de Roma que se hayan escrito. Por el interés de su argumento general, por la belleza de sus episodios secundarios, por la puntualidad y excelencia del estilo, por la melodía de los versos y por una profunda comprensión de las grandezas y los dolores humanos, es la Eneida uno de los grandes poemas épicos de la literatura universal.

Después de una breve introducción en que Virgilio anuncia cuál será el tema de la Eneida, comienza el relato. Eneas, príncipe troyano, navega por las aguas sicilianas hacia Italia, cuando Eolo, obedeciendo a la voluntad de la pérfida Juno, desencadena una terrible tempestad, durante la cual se extravían algunos barcos troyanos, mientras otros encallan en las costas. Felizmente, Neptuno, irritado por la audacia de Eolo, devuelve la calma al níar y a los vientos. Eneas, con siete de sus naves, se refugia en un puerto, cerca de Cartago. Es recibido con benevolencia por la reina Dido, viuda del rey Siqueo. Interrogado sobre las desgracias de su patria, cuenta los últimos días de Troya, con los trágicos acontecimientos que siguieron a la entrada en la ciudad del caballo de madera ideado por Ulises. Explica cómo, habiéndosele aparecido en sueños Héctor, para aconsejarle la huida, logró salvarse con su padre Anquises, su pequeño hijo Ascanio (también llamado Yulo) y los dioses de su patria.

Virgilio

Publio Virgilio Marón. Hijo de campesinos, Virgilio nació en Andes, una aldea próxima a Mantua, en la región italiana de Venetia et Histria. Aunque hijo de padres modestos, Virgilio estudió retórica y lengua y filosofía griegas en Cremona, Milán, Roma y Nápoles.

Si bien no intervino de modo directo en la vida política, desde muy pronto Virgilio disfrutó del apoyo de mecenas y amigos, como Cayo Mecenas, el poeta Horacio e incluso Octavio, el futuro emperador Augusto, en parte propiciado por el éxito de su primera obra mayor, las Bucólicas, en las que desarrolla muchos temas de la tradición pastoril, tomados sobre todo de los Idilios de Teócrito, aunque introdujo numerosas alusiones a personajes y situaciones de su época.

Incitado por sus protectores, escribió las Geórgicas, en apoyo de la política imperial de relanzar la agricultura en Italia, en las cuales recrea la belleza de la vida campesina y sus distintos aspectos: labranza, ganadería y apicultura.

La vertiente pública de la poesía de Virgilio llegó a su cima cuando afrontó la tarea de escribir un ambicioso poema patriótico a imagen de las grandes epopeyas homéricas, la Eneida, que debía cantar las virtudes del pueblo romano y cimentar una mitología propia para la nación. Para ello escogió la conocida figura legendaria del héroe troyano Eneas. Durante otros doce años trabajó en la composición de esta su obra maestra, poema épico que incluye doce cantos o libros.

Al principio, Eneas logra huir del desastre de Troya llevando sobre los hombros a su anciano padre, Anguises, y a su hijo Ascanio de la mano; reúne una flota y zarpa con los supervivientes troyanos rumbo a Tracia, Creta, Epiro y Sicilia, antes de abordar las costas de África. Luego relata los amores de la reina de Cartago, Dido, con Eneas, y el suicidio de ella tras la partida del héroe. Tras un interludio, la última parte narra la llegada de Eneas a Italia, y la guerra que sostiene con Turno, rey de los rútulos; la victoria le otorga la mano de Lavinia, princesa del Lacio.

Según Virgilio, el linaje romano procede del hijo de Eneas, Ascanio, que habría fundado la ciudad de Roma. El modelo homérico está presente tanto a nivel formal como temático, aunque es visible también la influencia de poetas romanos como Ennio, Lucrecio y Apolonio de Rodas.

El verso de Virgilio en la Eneida fue considerado en su propia época, y a partir de entonces, como modelo de perfección literaria tanto por su equilibrio métrico como por su musicalidad. Sin embargo, el poeta no pudo terminar su obra, pues en el 19 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia con la intención de corroborar sobre el terreno las referencias paisajísticas y geográficas de su obra maestra, práticamente finalizada para entonces, y para profundizar en el estudio de la filosofía. Durante el viaje enfermó gravemente, y en su lecho de muerte pidió a sus amigos Vario y Plocio que destruyeran la Eneida, por considerarla imperfecta, ruego que no fue atendido por orden de Augusto.

Se atribuye asimismo a Virgilio la composición de un conjunto de obras menores de carácter épico, elegíaco y didáctico, conocido como el Appendix vergiliana, que quizás podrían ser obras de juventud, aunque no está bien dilucidada su autoría. El renombre de que gozó fue enorme no sólo en su época, sino a lo largo de toda la Edad Media, que le consideró como un cristiano anticipado, e incluso se llegó a ver en una de sus Bucólicas una profecía de la llegada del Mesías. En su Divina Comedia, Dante lo convirtió en su guía a través del Infierno y el Purgatorio, y le consideró su maestro.

Eneas:

Eneas (Αινειασ) es un héroe de la mitología latina basado en el héroe de la Odisea descrito por Homero. Era hijo de Anquises, un príncipe troyano y de Venus, la diosa del amor.
Eneas fue criado por unos pastores en la montaña hasta que cumplidos los cinco años, su padre Anquises se lo llevó a la ciudad a casa de su cuñado Alcátoo para que éste le educase. Con el tiempo se convirtió en el más valeroso de los héroes troyanos, después de Héctor. En los combates que tuvieron lugar durante la guerra de Troya, se vio auxiliado y favorecido en varias ocasiones por algunos dioses, según cuenta la narración de Homero, que termina de relatar sus hazañas cuando da fin a dicha guerra. Las aventuras y sucesos posteriores son creación del poeta romano Virgilio, que era poeta oficial de Augusto.
Cuando la guerra de Troya se terminó Eneas fue perdonado por los griegos en consideración a que había sido partidario de la paz y había terciado por la devolución de Helena aMenelao, su marido griego. Eneas marchó con un grupo de troyanos a Macedonia, de allí a Sicilia (en ambos sitios surgieron aventuras) hasta llegar a Laurentio en la costa delLacio, en la península itálica. Allí fundó otra Troya en la costa del mar Tirreno, en el lugar de desembarco. Después remontó el río Álbula (que más tarde sería llamado Tíber) y llegó hasta un poblado llamado Palanteo que estaba emplazado en el lugar que con el tiempo sería conocido como el Palatino. La región era gobernada por Latino, el rey de los aborígenes. Eneas hizo una alianza con este rey y además se casó con Lavinia, su hija; en su honor fundó la ciudad de Lavinio. Eneas y Lavinia tuvieron un hijo al que llamaronAscanio.

Literatura romana

El pueblo romano creció y se desarrolló desde la ciudad de Roma hasta formar uno de los mayores imperios conocidos por la historia. En su devenir, que abarca aproximadamente desde el siglo VII a.C. hasta el siglo V d.C., los romanos entraron en contacto con muchas otras culturas, pero una de ellas los marcó como ninguna otra: la griega.
Si bien Roma no se distinguió por su originalidad, sino por su enorme capacidad para asimilar e imitar las tecnologías, organizaciones y pensamientos de otros, en el campo del arte y de la literatura su modelo fue sin duda el griego. La literatura griega se erigió así en los cimientos de la literatura romana, si bien ésta la renovó en algunas aspectos y la presentó a la historia en su forma final.
Por supuesto, si bien la literatura romana tomó muchas ideas e imitó el estilo griego, escribió sus obras en su propia lengua, el latín, lengua muerta en la actualidad pero que tuvo una enorme vigencia histórica durante la Edad Antigua y Medieval. El latín fue una lengua práctica, mucho menos armoniosa que la griega y con menos vocabulario, por lo cual las obras latinas tenían un sentido más bien didáctico-moralizante.
En cuanto a los autores romanos más destacados, Livio Andrónico,fue un escritor de origen griego que vivió en el siglo III a.C., tradujo al latín la Odisea e inició época romana en literatura. De esa misma época fue Nevio, quien se encargó de la traducción de la Iliada.
La época dorada de la literatura romana se vivió en el siglo I a.C, y particularmente en la convulsa etapa de las guerras civiles y la instauración del Imperio bajo Augusto. En esa etapa coincidieron Virgilio, autor de la Eneida; Ovidio, que escribió Las Metamorfosis;Séneca, uno de los mayores filósofos de Roma; HoracioMarcialJuvenal y algunos otros. Algo posterior es Plinio el Joven, cuyo legado científico y naturalista fue comparable a su calidad literaria. Más adelante es obligada la referencia a Suetonio, autor de “Las vidas de los doce césares”, una obra capital para los historiadores de los inicios del Imperio Romano.

viernes, 20 de mayo de 2011

Frases de Antígona para REFLEXIONAR

"No te obstines en mantener como única opinión que lo que tú dices es lo razonable, y no lo es lo que diga otro" 
(Hemón a Creonte, Episodio III)

"Pero terrible es la fuerza del destino: ni las riquezas, ni Ares, ni las torres, ni las negras naves que sufren los embates de las olas la pueden evitar".
(Coro, Estásima IV)

"Pero cuando el hombre yerra, es sensato y prudente para el hombre reparar el mal en el que ha caído y no obstinarse en él"
(Tiresias, Episodio V)

"De la suerte del destino tiene asignada a los mortales, no hay quien pueda evadirse"
(Coro, Éxodo)

"La prudencia es la primera condición para la felicidad; y es menester, en todo lo que a los dioses se refiere, no cometer impiedad. Los orgullosos, luego de pagar con grandes golpes sus arrogantes palabras, aprenden a ser sabios cuando llegan a viejos".
(Coro, Éxodo)

martes, 12 de abril de 2011

Antígona (Resumen de la obra)

La tragedia comienza en el amanecer del día siguiente del final de la guerra, el día en el que los dos hijos de Edipo, Polinices que ha conducido el ejército de los argivos contra Tebas, y Eteocles que la ha defendido, se han dado muerte mutuamente. Son las dos hijas de Edipo las que están en escena. Antígona pide a su hermana Ismene que la ayude a enterrar a Polinices, contraviniendo el mandato de Creonte, que ha ordenado que, como castigo al traidor, su cadáver quede insepulto. Pero ésta, alegando que de siempre había sido una persona temerosa e indecisa, no le prestó su ayuda y cuando le prometió no decirle nada a nadie, Antígona insistió en que no se lo callara.
La llegada del Coro, formado por ancianos y nobles tebanos, trae el saludo al nuevo día, el día de la victoria y, sobre todo, de la paz tras los horrores de la guerra. Han sido llamados por el nuevo gobernante aunque aún no saben la razón.
Hace su aparición Creonte y, antes de anunciar su primera disposición, expresa su confianza en que esos nobles y ancianos tebanos le sirvan a él con la misma fidelidad que ya mostraron a Layo y Edipo, sus antecesores. Es entonces cuando anuncia su prohibición de que se cumpla con el sagrado deber de enterrar a Polinices, el “hermano traidor” y que, en cambio, a Eteocles le rindan homenaje como defensor de la ciudad. El coro es consciente de la gravedad de esa ley, de lo que supone de atentado contra las leyes religiosas, pero, a fin de cuentas, están sujetos también a esa orden y están convencidos de que nadie sacrificaría su propia vida por contravenirla.
Sin embargo, están equivocados, como muestra la llegada de uno de los soldados encargados de vigilar el cadáver de Polinices para anunciar que alguien ha contravenido la ley y ha realizado ritos funerarios en su honor.
Más tarde los guardias traen detenida a Antígona, porque ha sido ella la que ha violado esas leyes para mantenerse fiel al deber sagrado debido a los muertos. Creonte le preguntó si era ella quien había cubierto el cuerpo de Polinices y afirmó q sí, que había sido ella y nadie más; pero Creonte no la creyó y pensó que Ismere tenía algo que ver, pues la había visto muy inquieta y mandó traerla a su presencia. Ismere había cambiado de idea, y sin haber participado en los hechos le dijo a su tío Creonte que ella había ayudado a Antígona.
Tras mandar a ambas a una celda, aparce Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona. La intransigencia de Creonte se convierte ya en ceguera, porque es incapaz de percibir que su condena a Antígona alcanzaría también a Hemón, lo que el Coro señala como algo que podría afectar al futuro del reino a través de su heredero, ya que son dos ahora las muertes que esa inflexible orden de Creonte puede causar. Pero nada hace cambiar la opinión de el gobernante que decide dejar en libertad a Ismere mientras que a Antígona la iba a dejar abandonada en una cueva con un poco de comida, la iba a enterrar en vida, para que así “su muerte no salpicara a la ciudad”.
La entrada de Antígona, camino de su mortal destino, nos la muestra cambiada. Ha perdido su altivez y la seguridad inicial. Increpada por Creonte y abandonada por todos, incluso por el Coro, su monólogo de despedida no es un canto de triunfo, sino de tristeza, nostalgia y desolación. De abandono frente a un deber con el que ha cargado en soledad y que no emprende ya con la altivez del triunfo.
La llegada del anciano Tiresias anunciando negros presagios llena a Creonte de inquietud. En un principio se niega a aceptar su error, pero su seguridad se desmorona y, atemorizado, intenta evitar que se cumpla la condena de Antígona.
Pero cuando llegó adonde se encontraba ésta, vio como estaba ahorcada y como agarrado a su cintura estaba su hijo Hemón, que había cargado su espada contra él, se la había clavado en el pecho, y en consecuencia había muerto. Volviendo a su palacio, con su hijo en brazos, encuentra que su esposa, Eurídice, no había podido soportar la muerte de Hemón y también ella decidió quitarse la vida.
Éste es el papel que le queda a Creonte. Por haber castigado a su sobrina, pues ésta había dado sepultura a Polinices, después de que éste muriera en combate contra su ciudad natal, Tebas, y de la que es Creonte el máximo representante, su hijo y heredero, Hemón , y su esposa, Eurídice, habían muerto. Tuvieron que morir muchas personas para que al final de la obra y sin remedio, Creonte se diera cuenta de su gran error, de que una persona, por mucho poder político que tenga, siempre está por debajo de los dioses y de las leyes “escritas” por ellos.

Sófocles


Nació cerca de 496 a.C. en Colono Hípico (hoy parte de Atenas), murió alrededor de 406 a.C. en Atenas
Dramaturgo de la Antigua Grecia, uno de los más grandes, incluso visto por algunos como el supremo ya que logró armonizar la expresión con el realismo, cosa nunca sucedida con anterioridad.
A los 28 años, luego de haber recibido una excelente educación derrotó al ya entonces reconocido Esquilo en un concurso dramático, lograría ganar otras veinte veces el primer puesto, y otras cuantas veces el segundo. En una ocasión fue superado por Eurípides. Autor prolífico, escribió más de cien obras, siete de ellas están hoy en día completas, mientras que de alrededor de noventa sólo se conservan fragmentos. Sus obras, por abandonar la costumbre de la triología, eran independientes, y en ellas participaba por primera vez un tercer personaje en escena.
Bibliografía: Antígona, Edipo Rey, Electra, Áyax, Las Traquinias, Filoctetes, Edipo en Colono, Los sabuesos.

jueves, 31 de marzo de 2011

Tragedia griega


El origen de la tragedia griega 



A lo largo de la historia, el hombre ha dirigido su atención hacia su propio mundo interior. Gracias a esta búsqueda de lo intrínsecamente humano hemos podido disfrutar de grandes producciones artísticas, como las tragedias griegas. Pues en ellas, se narran las aventuras del hombre, que explora los abismos y vericuetos del alma.

En el año 334 a.C. Aristóteles postuló que la tragedia (mediante una serie de circunstancias que suscitan piedad o terror) es capaz de lograr que el alma se eleve y se purifique de sus pasiones. Este proceso, que se denomina "catarsis", es la purificación interior que logra el espectador a la vista de las miserias humanas. El fondo común de lo trágico será la lucha contra un destino inexorable, que determina la vida de los mortales; y el conflicto que se abre entre el hombre, el poder, las pasiones y los dioses. Sus temas, sin duda grandilocuentes, no solo no han perdido vigencia, sino que además adoptan otro significado y se materializan continuamente, en los distintos sucesos que padece la humanidad.

Los griegos fueron los creadores de la tragedia. En un principio, le confirieron un profundo sentido religioso, ya que la obra trágica nació como representación del sacrificio de Dionisios (Baco) y formaba parte del culto público.

Para los antiguos griegos, Dionisios era la divinidad protectora de la vida y símbolo del placer, el dolor y la resurrección. Durante la época de la vendimia en su honor se cantaban a coro distintos himnos llamados ditirambos. En los poblados y en las plazas, donde el público danzaba, 50 coreutas hacían una ronda alrededor del altar. Representaban a los "hombres cabrones" o "sátiros" (seres mitológicos que tenían cuerpo de hombre y piernas de cabra) que lamentaban el sepelio del dios.

Primitivamente, sólo se trataba de una ceremonia mimética, pero con el correr de los años, las técnicas fueron evolucionando y la magia del disfraz enriqueció la puesta en escena. Cuando los actores interrumpían sus lamentos para tomar aliento, se introducía entre las estrofas el "solo" de un recitante. A partir de esta primera innovación, ya no sólo se conmemoraba la pasión de un dios sino también, todos los rasgos de la leyenda, que eran interpretados por gemidos que emitía la concurrencia a modo de acompañamiento. Esta ceremonia recibía el nombre de "coro cíclico".

Las ofrendas del público consistían generalmente en un macho cabrío, que era consagrado a Dionisios. Etimológicamente, la palabra "tragedia" tiene mucho que ver con este ritual. El nombre deriva de "trago día" (del griego "tragos", que significa macho cabrío y de "oda", que significa canto).



El primer trágico fue Tespis, que triunfó en el ano 536 a.C. en el Primer Concurso Trágico instituido por Pisístrato para las grandes dionisíacas (fiestas que se celebraban durante los primeros días de abril y que duraban 6 días).  Tespis reemplazó el pintarrajeo grosero de los coreutas por una máscara de género estucado. Las máscaras representaban las facciones de los distintos personajes. Las más primitivas estaban hechas de corteza de árbol luego de cuero forrado con tela y finalmente, de madera. Los creadores eran verdaderos artesanos, la abertura de la boca era grande y prolongada como un embudo hecho de cobre. Este formato contribuía a aumentar el volumen de la voz en escena. Hubo varias clases de máscaras: cómicas, trágicas y satíricas. Las primeras eran ridículamente toscas, con los ojos bizcos, la boca torcida y las mejillas desvencijadas. Las trágicas eran notablemente grandes, tenían la mirada furiosa, los cabellos erizados y las sienes o la frente deformes. Las satíricas eran las más repugnantes y representaban solamente figuras extravagantes y fantásticas, tales como cíclopes, centauros, faunos y sátiros.  Con las innovaciones que introdujo Tespis, la máscara griega dejó de lado el bestiario fabuloso y la tragedia adquirió un tenor más humano. A comienzos del siglo V a.C, la tragedia ya se había instalado como género dentro de la literatura. 





Características

Podría decirse que el eje central de toda obra trágica es el restablecimiento doloroso del orden, y el alumbramiento traumático del deber en su doble aspecto. Desde el plano religioso, desarrolla el antagonismo que existe entre el hombre y el cosmos. Y en el plano político explica la conflagración subyacente entre el hombre y el poder.

Tanto en un aspecto como en otro, la representación será el vértice del debate. No es casual, por ejemplo, que la figura más relevante de las obras clásicas sea la de los reyes. Esto se debe a que ellos representaban los blancos más visibles de la sociedad, y en consecuencia, eran los más susceptibles, ya que la vida privada de los monarcas, en un espectáculo público pertenecía a todo el mundo.



Este aspecto formaba parte de la mentalidad de los griegos. De hecho, la Polis era considerada como un todo, y la justicia, para este pueblo era un valor excelentísimo. Si no había justicia en sus gobernantes la Polis tampoco podía ser justa. Por eso, para los griegos, la política y los políticos eran los encargados de ejecutar justicia, pero en una dimensión propiamente humana. No había posibilidades de realización individual dentro de un régimen injusto.  La justicia era para ellos una perfección valiosa; algo que no se buscaba por sus ventajas, y cuyos designios, sin embargo eran implacables.  


La finalidad de los festivales dramáticos era la de exaltar la tradición mítica, el patriotismo; aleccionar, conmover, marcar nuevos rumbos, como así también dar lugar a cuestiones honoríficas y cuando no, farandulescas. Muchos actores obtenían premios tales, como la corona de hiedra o placas recordatorias llamadas ex-voto. Desde luego que tampoco faltaron los "intereses creados". En los teatros, en primera fila y en los palcos de honor, había un gran sitial destinado al sacerdote del dios.



El coro (coreutas) estaba a cargo de los ciudadanos ricos y hacendados, quienes corrían con todos los gastos del espectáculo, creyendo que cumplían así un deber de piedad patriótica" (piedad que, por cierto, contribuía también a la conquista de los sufragios populares). Los asistentes eran clasificados por categorías: los sacerdotes, magistrados y generales; luego los ciudadanos y por último el pueblo.

En los anfiteatros se utilizaron distintos mecanismos. Al principio fueron pocos y rústicos; luego se fueron perfeccionando e incluyeron plataformas móviles y todo tipo de parafernalias, gracias a las cuales los personajes adquirían mayor movilidad y desplazamiento sobre el escenario.

Sin duda, tres de los trágicos más grandes de la historia de la literatura son Esquilo, Sófocles y Eurípides. Cada uno, imbuido por los sucesos de su tiempo supo plasmar en sus obras las emociones, las angustias, las dudas y las pasiones de los hombres de su época, con exquisito talento.